Belfast, segunda mitad de los setenta. Los Troubles habían ido vaciando la noche: cerraban locales, escaseaban los conciertos y muchas bandas de fuera preferían pasar de largo. No era precisamente el lugar donde uno esperaba encontrar buenas vibraciones.
Pero Terri Hooley decidió abrir una pequeña tienda de discos precisamente allí, en Great Victoria Street, en un tramo de la ciudad que llegaría a ser conocido como the most bombed half-mile in Europe. Si buscaba tranquilidad para montar un negocio, había elegido regular. Y, además, la llamó Good Vibrations.
Terri ya venía con escuela. Llevaba años metido en la contracultura, entre revistas, radios piratas y todo tipo de iniciativas por libre. Pero, por encima de todo, era un coleccionista obsesivo de discos. Antes de abrir su tienda oficialmente ya tenía montado un pequeño negocio desde casa y hacía él mismo los repartos en bicicleta.
Abrir las puertas de Good Vibrations era subir otro escalón.
Pronto, además de un lugar para comprar discos, se fue convirtiendo en un sitio donde quedarse a pasar la tarde, conocer bandas o enterarse de conciertos. Un reportaje de RTÉ de 1979 ya la presentaba como punto de reunión de los punks de Belfast, junto al Harp Bar. Según el propio Hooley, ninguna otra tienda de discos de Irlanda habría aguantado lo que ellos aguantaban.
Una de esas tardes, un cliente le insiste a Terri para que vaya a ver a Rudi y The Outcasts, que tocaban en The Pound. Cómo se lo iba a perder.
Rudi, una banda local con canciones propias y actitud de sobra. Le bastaron unos pocos acordes para verlo diáfano. Al rato ya estaba hablando con ellos para sacar un disco.
Good Vibrations acababa de dejar de ser solo una tienda.
Así de primeras, había que empezar poco a poco: grabar “Big Time” y regalarla en un flexi con el fanzine Alternative Ulster. Pero haciendo cuentas, prensar un single de verdad salía solo un poco más caro. Puestos a meterse en el lío, mejor hacerlo bien.
El 7 de febrero de 1978 Rudi entraron en Hydepark Studios, en Templepatrick. Tres horas después tenían “Big Time” y “No. 1”. En abril, 3.000 copias del GOT 1 salían de una fábrica de EMI en Dublín.
Terri lo resumiría años después con bastante precisión: no tenían ni idea de cómo se sacaba un disco. Y aun así, ya lo tenían. John Peel lo pinchó en Radio 1, las copias empezaron a moverse y Terri mandó el single a medio Londres esperando que alguien entendiera la indirecta. Costó bastante más de lo previsto.
En Belfast, por suerte, estaban algo más atentos.
En junio llegó el GOT 2, con Victim y “Strange Thing By Night” / “Mixed Up World”. Poco después, The Outcasts, habituales de la tienda, ocuparon el GOT 3 con “Just Another Teenage Rebel” / “Love Is For Sops”. La cosa estaba empezando a rodar.
Eso sí, a la manera de Good Vibrations: con poco dinero, acuerdos de palabra, tiradas pequeñas y bastante gente echando una mano donde podía. Las bandas participaban en las portadas, los discos se grababan deprisa y la distribución tenía más de aventura que de logística.
Pero funcionaba. De repente empezaban a salir discos hechos en Belfast, por bandas de allí, con una etiqueta común en la carpeta y con una producción local reconocible.
Y entonces aparecieron cinco chavales de Derry con cuatro canciones.
The Undertones llevaban tiempo tocando juntos, pero fuera de su ciudad seguían siendo prácticamente unos desconocidos. Grabaron cuatro temas en Wizard Studios: “Teenage Kicks”, “True Confessions”, “Smarter Than U” y “Emergency Cases”.
Terri escuchó aquello y no hubo mucho que pensar. Quería sacarlo.
El EP se convirtió en el GOT 4 de Good Vibrations. Mil copias, una portada sencilla y cuatro canciones que, sobre el papel, iban a seguir el mismo camino que los singles anteriores. Hasta que una de aquellas copias llegó a John Peel.
Peel puso las cuatro canciones en su programa. “Teenage Kicks” debió tocarle alguna fibra porque siguió sonando las semanas siguientes, hasta llegar a pincharla dos veces seguidas en uno de sus programas. Entonces los teléfonos empezaron a sonar.
Seymour Stein, jefe de Sire Records, mandó a uno de sus hombres hasta Derry para ver al grupo en directo y, pocos días después, The Undertones estaban en Londres firmando contrato. Sire compró los derechos del EP, volvió a editar “Teenage Kicks” y, unas semanas después, The Undertones estaban en Top of the Pops. El single llegó al número 31 de las listas británicas.
En menos de un mes habían pasado de sacar mil copias de un EP en un pequeño sello de Belfast a tener contrato con la compañía de Ramones y Talking Heads. Good Vibrations, a su vez, acababa de conseguir su mayor éxito y, con él, de perder a la banda que lo había provocado.
Terri tampoco puso demasiadas dificultades. Por ceder los derechos a Sire pidió 500 libras, unos cuantos discos y una fotografía firmada de The Shangri-Las. Una negociación con mucho encanto.
Mientras tanto, en Belfast siguieron a lo suyo. Llegaron Xdreamysts y, enseguida, Protex. Cuatro chicos que empezaron llamándose Protex Blue después de escuchar a The Clash y que aterrizaron en el sello con “Don’t Ring Me Up”, su single de debut. Funcionó tan bien que Rough Trade terminó reeditándolo y la banda acabó firmando con Polydor tiempo después.
Pero la familia siguió creciendo: Rudi y The Outcasts volvieron a pasar por el catálogo, aparecieron Ruefrex, The Tearjerkers y, ya en 1979, The Moondogs con “She’s Nineteen”, el GOT 10.
Hasta aquí, contado así, puede parecer una de esas historias románticas de gente encontrando su sitio al margen de casi todo. Pero ni fue tan bonito mientras duró, ni las cosas terminaron tan bien.
Good Vibrations seguía funcionando como había empezado: con poco dinero, acuerdos de palabra y Terri resolviendo sobre la marcha cualquier problema que surgiera. Durante un tiempo bastó para ir sobreviviendo, pero se les acabó yendo de las manos.
A finales de 1979, Rudi grabaron “The Pressure’s On” y “Who? You!” con un objetivo claro: tenerlo listo en enero, cuando acudieran como invitados a Something Else, el programa juvenil de la BBC. Pero el disco nunca llegó.
Ni siquiera Brian Young supo explicar qué había ocurrido. Otro error más. Para la banda fue definitivo y terminaron rompiendo con Good Vibrations bastante hartos.
Y no solo eso, las cuentas tampoco cuadraban. Good Vibrations había sacado una cantidad formidable de material entre 1978 y 1979, pero en 1980 el ritmo se desplomó: faltaba dinero, se cancelaban proyectos y algunos discos solo conseguían salir si llegaban con financiación de fuera.
El entrañable Terri tenía todo el entusiasmo del mundo, buen oído y una generosidad poco compatible con llevar bien las cuentas. En abril de 1980 organizó un gran concierto en el Ulster Hall para reflotar el barco, que ya estaba pasando serios apuros. Se llenó de punks. Muchos no tenían dinero para entrar y Terri les dejó pasar gratis.
Hubo más intentos: ese verano Good Vibrations organizó un festival de punk y new wave de dos noches en el propio Ulster Hall, con las bandas del sello y grupos llegados de fuera. Había nuevas ideas, nuevas ramas del sello y nuevos discos previstos, pero cada vez con menos margen para convertirlos en realidad.
Parte del dinero que debía llegar tampoco llegaba: distribuidores ingleses dejaron miles de libras pendientes de cobro mientras Good Vibrations seguía acumulando deudas. En 1981 terminaron cerrando tanto la tienda como el sello.
Terri consiguió volver a levantar la persiana y en 1982 incluso puso otra vez en marcha el sello con algunas referencias nuevas. Pero duró poco. A finales de ese mismo año, los acreedores volvieron a llamar a la puerta, esta vez con una petición de bancarrota bajo el brazo.
Las buenas historias no necesitan un final feliz. Esta dejó buenas escenas, unas cuantas cicatrices, algo encendido cuando se apagaron las luces y, visto lo visto, un lugar al que pertenecer.
Una historia de las buenas.
Alrededor de Good Vibrations
Es una forma de vida.
Cámara y acción
Shellshock Rock 1979
Antes de que llegara la nostalgia, llegó una cámara. Good Vibrations, bares, punks y bandas de Belfast cuando todo aún estaba pasando.
Self-Conscious Over You 1980–1981
Tercera pieza de la trilogía punk de Davis. Filma el concierto de Good Vibrations en el Ulster Hall del 24 de abril de 1980, con The Outcasts en el centro del asunto.
Good Vibrations for Belfast Punks
Nuala Hayes entra en Good Vibrations, pasa por el Harp Bar y filma a Terri, Greg Cowan y los punks de Belfast cuando aquello todavía no era material de archivo.
Good Vibrations
Cariñosa con el personaje, pero sin esconder demasiado sus grietas. La leyenda de Terri pasada por el cine. No es un peliculón pero tiene su gracia.
Papel y tijeras
Alternative Ulster
Papel grapado, tinta barata y una escena escribiéndose a sí misma mientras todavía estaba ocurriendo.
El primer single de Rudi estuvo a punto de aparecer como flexi junto al fanzine antes de convertirse en el GOT 1 de Good Vibrations.
Hooleygan
Terri contando su propia película. Y sí, salen discos, broncas y bastante material para perder una tarde felizmente.
Más de 130 imágenes entre flyers, memorabilia y fotografías de los setenta y ochenta.
Papel, plástico y tinta
Bolsas, flyers, felicitaciones, anuncios y demás restos físicos del pequeño imperio de Terri Hooley.
Buena parte del material conservado procede del archivo de Spit Records.
Salidos de fábrica
Antes de convertirse en piezas de colección fueron simplemente eso: discos recién salidos de fábrica, con unas cuantas canciones dentro y el logo de Good Vibrations en alguna parte.
En antena
Dos veces seguidas
La leyenda dice una cosa; la cinta, otra ligeramente distinta. Peel terminó “Teenage Kicks”, pidió un segundo y volvió a ponerla. Sin discursos. Tampoco hacía falta.
Crónicas en Good Evening Belfast
Pogo, bombas de humo, un amplificador que decide morir en mitad de Rudi y un Ulster Hall hasta arriba. La crónica de la noche escrita cuando todavía olía a saliva. Si la quieres leer completa, puedes hacerlo aquí.
Pruebas del delito
Harp Club
Arriba: punks, pogo y amplificadores. Abajo: billar, Space Invaders y un tarro de huevos en vinagre que nadie parecía dispuesto a desafiar.
Abrió sus puertas al punk el 21 de abril de 1978, con Victim y The Androids.
Siguiendo el rastro
Algunos restos acabaron mucho mejor conservados que las cuentas del sello: discos, carteles, chapas y objetos que ahora sobreviven como pequeñas pruebas materiales de todo aquello.
Epílogo
Años después, el Harp Bar y Good Vibrations terminaron dejando
también una huella visible en la ciudad.
Una placa recuerda aquel lugar y a quienes estuvieron allí.