Nervios en la Costa Oeste

Una de esas noches acabó, guitarra en mano, intercambiando canciones con un tipo que se había parado a escucharle. Entre tema y tema, sonó Hanging on the Telephone. Era Jack Lee. Un tipo entusiasmado con la idea de montar una banda lo más lejos posible de aquel paraíso de flores, ácido y fraternidad universal que acabó desbordado por las multitudes, los turistas, los medios y, cómo no, el negocio. Las bandas surgidas de los sesenta ya llenaban grandes recintos, mientras por debajo apenas había relevo. Para los que llegaban ahora era demasiado tarde para el sueño hippie y demasiado pronto para el punk.

En la cabeza de Lee el plan estaba claro: pelo corto, canciones de dos minutos, nada de solos eternos y convertir las calles de San Francisco en su propio Cavern Club. Peter Case ya se había sumado al juego. Solo necesitaban completar la banda.

Paul Collins, el Collins bueno, también acababa de llegar a la ciudad cuando encontró en el tablón de Don Wehr’s Music City un anuncio buscando batería para una banda con temas propios. Llamó al número y, veinticinco minutos después de entrar por la puerta de la casa de Lee, ya estaba escuchando Hanging on the Telephone. Tenía claro que era su mejor carta, y visto lo visto, no iba mal encaminado.

Con Case a la guitarra, Lee al bajo y Collins a la batería, nacieron The Nerves en 1975. Mientras tiraban de covers empezaban a construir ese sonido tan suyo: canciones propias, rápidas y muy melódicas, hasta que al año siguiente, con dinero prestado, grabaron cuatro temas para su primer y único EP. Cuatro temazos, una portada memorable y todo un futuro por delante.

No lo tuvieron fácil. Si había una puerta cercana a la que llamar era la de Beserkley Records, el sello de Jonathan Richman, Greg Kihn y The Rubinoos. Pero Lee y Collins acabaron a gritos con su fundador, Matthew “King” Kaufman. Fin de la negociación. Montaron su propio sello, The Nerves Record Co., pidieron dinero y se lo editaron ellos mismos.

The Nerves fueron de los primeros grupos de la naciente escena punk de San Francisco en autoeditar material, y su EP apareció apenas unas semanas antes que el primer single de Crime, considerado el primer disco propiamente punk de la ciudad. Aunque en el Mabuhay Gardens empezaba a cuajar algo más serio y en la emisora KSAN ya pinchaba Hanging on the Telephone, el trío decidió llevarse la música a otra parte: Los Ángeles.

Tampoco es que allí las cosas funcionasen mucho mejor. No pudieron tocar en el Whisky a Go Go ni les daban fecha en el Starwood; su banda no interesaba, les decían. Así que, con el poco dinero que tenían, empezaron a alquilar locales y a organizar sus propios conciertos bajo el nombre de Hollywood Punk Palace. Apenas duró unos meses, pero por esos escenarios pasaron The Weirdos, The Zeros, The Dils y The Germs.

Sin mánager, agentes ni sellos discográficos, los propios músicos cobraban la entrada, instalaban el equipo y promocionaban los conciertos con fotocopias pegadas en los postes de la luz. Lo de convertir la música independiente en un género vendría bastante después.

Los primeros conciertos de la escena punk de Los Ángeles, el programa nocturno de Rodney Bingenheimer, las salas de ensayo The Masque… Algo se estaba moviendo.
Y cuando algo se movía por esos submundos del underground angelino, ahí estaba Greg Shaw para contarlo en Who Put the Bomp!, el fanzine que más tarde daría paso al sello Bomp Records.

Las bandas duraban lo que duraban. Después todo se mezclaba, mutaba y volvía a empezar con otros nombres.

The Nerves dejaron la gestión del Hollywood Punk Palace en manos de The Weirdos y se fueron de gira autogestionada acompañando a los Ramones. A la vuelta, los egos y las desavenencias pusieron fin a esta breve historia. Jack Lee se marchó y Case y Collins lo intentaron como The Breakaways. Más tarde, Case formó The Plimsouls y Paul Collins, The Beat.

A Jack Lee el premio le llegó por teléfono, literalmente. En 1978, arruinado y a punto de que le cortaran la luz, recibió una llamada: Blondie quería grabar Hanging on the Telephone. La canción acabó abriendo Parallel Lines y convirtiéndose en un himno. El prestigio estaba muy bien, pero los royalties pagaban mejor la luz.

The Germs debutaron en uno de los conciertos de Hollywood Punk Palace, junto a The Weirdos y The Zeros. Entre el público estaban Alice Armendariz y Patricia Morrison, que más tarde montarían The Bags. Patricia acabaría después tocando con The Gun Club, Sisters of Mercy y, finalmente, junto a su marido, en The Damned.

Belinda Carlisle tampoco llegó a debutar con Germs: una mononucleosis la dejó fuera antes del primer concierto. Poco después cambiaría las baquetas por el micrófono de The Go-Go’s, donde se encontraría con Charlotte Caffey, bajista en The Eyes.

Alejandro Escovedo venía de The Nuns y su hermano Javier, de The Zeros. Años después volverían a cruzar caminos en Texas para formar True Believers. Dos ramas de aquella Costa Oeste reunidas en tierras lejanas.

Nicky Beat, batería de The Weirdos, también pasaría por Germs antes de acabar en L.A. Guns.

Y de The Quick, de los primeros en llegar y a medio camino entre el glam y el power pop, salió Danny Wilde, que años después formaría The Rembrandts. Sí, los de la canción de Friends.

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